De
fondo, un disco de Mandrake. Casi imperceptible, escucho el lamento de las
gotas contra mi ventana, lento, constante, disfrutable. Y descubro que estar
solo, no siempre, es sinónimo de soledad. Y a veces es elección.
Encuentro
paisajes e historias entre las páginas de un Club, que ahora descansa sobre el
escritorio entre cuadernos, chicles y mi taza de Don Gato. Esperando
pacientemente que regresen mis ganas de descubrir, entre relato y poesía, mi
propio afán por escribir. Buscando inspiración, o quizás la valentía de mostrar
lo que soy, o quisiera ser.
Ella
va, canta el lobo desde el altoparlante, pero yo no. Prefiero este instante,
este momento, en el cual disfruto de este arrebato de inspiración, de esta musa
inesperada, inexistente. Llueve y llueve me sigue repitiendo desde la pista 10,
como si estuviera a mi lado viendo por mi ventana.
En
la misa de mis noches, con su ritual de camas destendidas, ropas en el piso y
sabanas solitarias. Con la habitual banda sonora de músicos subestimados,
menospreciados por quienes buscan una efímera canción de momento, con fecha de
vencimiento, vacía de contenido, de talento. Nunca pensé poder escribir estas
palabras...
* "Club" de Agustín Lucas
* "Club" de Agustín Lucas
No hay comentarios:
Publicar un comentario