viernes, 10 de mayo de 2013

- La tribu de mi calle -


A Marcos y Gaby, hacen el estudio mas llevadero.
A Maca y toda la tribu.

Nómades de las veredas, tribus nocturnas. ¿A donde van cuando se despierta el sol? ¿Desde donde contemplan el hormigueo citadino cuando el astro rey lo ilumina todo?

Sin tiempo ni calendario, con su gastada rutina de atados, mochilas y paquetes. A pocos pasos de otra realidad, separados por un abismo inexistente. Mundos divididos con un muro que no esta, obra de los hombres de corbata y las mujeres de tacones. Una pared creada para ignorar, para salvaguardar en la conciencia ese último rastro de autocomplacencia, esa falsa sensación de solidaridad alimentada por esporádicas donaciones telefónicas. Combustible del motor de este sistema que margina, que destruye.

El barba sigue ahí, inmutable, estoico sobreviviente de la intemperie. No se cuestiona, ¿Para qué? ¿Con qué fin? Si las preguntas no lo alimentan ni lo abrigan. Y las respuestas no son tales, solo generan mas preguntas, incertidumbre y resignación al no encontrar un cambio ni un nuevo rumbo. A quien vive así no se le ofrece otra opción más que la de seguir adelante hasta que el cuerpo aguante y el invierno lo consuma.

En la tribu también hay niños, alegres, inocentes, ignorantes de su marginación, victimas de la realidad, la única que conocen. Libres del consumo y el materialismo, prisioneros de los prejuicios de una sociedad mezquina, individualista. Los veo sonrientes a pesar del frío y la miseria, cotidianos compañeros de esta su realidad. Tienen sus días buenos y sus días malos, lo que les falta son oportunidades. Se las arrebataron por el simple hecho de nacer aquí, como si esa hubiera sido su elección, su delito.

Para algunos son una molestia, los quieren lejos de la entrada de sus edificios tan pulcros y cuidados. Para otros simplemente son parte del gastado paisaje urbano, pasan desapercibidos. A unos pocos, quizás más susceptibles, les recuerda ser agradecidos por la realidad que les toca, de su suerte al nacer. Para , que creía que El hambre del Vica era cosa del pasado, son la prueba viviente de una desgarradora desigualdad, el fundamento para comprobar que la Utopía sigue intacta.







* "La tribu de mi calle" - Vencedores Vencidos - Patricio Rey y sus redonditos de ricota.
** "El hambre del Vica" - La Rebelion de Los Cañeros - Mauricio Rosencof

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