La esencia que quedó y la presencia de lo que nunca estuvo. Ese silencio absurdo, ese lugar vacío, ese esperar inquietante y la certeza de que nunca llegará. El recuerdo, el olvido.
Ese recuerdo lleno de sonrisas, palabras, miradas y juegos; ese olvido que va entrando de a poco en lo cotidiano y el miedo de que lo ocupe por completo. Ese recuerdo que te nubla la mente, en el que el corazón se cierra al sentir el silencio profundo. Extrañar lo que fue, o lo que pudo haber sido. Una y otra vez encadenarse por el miedo del olvido, de sombras, tratando de abatirlo con fuertes recuerdos, con imágenes fijas. Las agujas del reloj retumbando en los oídos, recorriendo un tiempo desprolijo, un hueco. Un derrumbe en un muro de fortalezas al darse cuenta de que la espera es innecesaria y esa fuerza interior de tomar lo que dejó marcado en la esencia y hacerlo parte de la vida.
Esa necesidad de volver a llamar, aun sabiendo de que nadie estará del otro lado. Las ganas de abrazar o la culpa de no haber abrazado. Esa culpa de no aprovechar la presencia y apreciar sus palabras. El deseo de tener un día más, para decir lo que nunca se dijo, para hacer lo que nunca se hizo. Para apreciar el rostro y grabarlo en la memoria infinita, para escuchar la voz una vez más, para agradecer hasta lo más mínimo y hasta para pedir perdón por lo insignificante.
Lo inentendible, la búsqueda de razones insuficientes. La falta de palabras que consuelen, la melancolía que pone en marcha a la sangre correr por las venas como una fuerte corriente que termina erizando hasta la más suave piel; la garganta seca, la boca muda, la mente vacía, la falta de hechos, en fin, el vacío. Un vacío absoluto que se convierte en tensión, esa tensión constante que se transforma en nostalgia. Ese sueño contiguo de tenerlo de nuevo, esa tristeza aguda de abrir los ojos y caer en la realidad.
La duda de creencias, una atmósfera de incertidumbre. En cada palabra un susurro y en cada mirada la soledad. Esa soledad dolorosa que se manifiesta en lamentos, rechazos, falta de cordura. Un bloqueo de emociones y luego, la búsqueda de sentido, el sentimiento raro, esa esperanza. El no decir nada y demostrarlo todo. Una verdadera ausencia de su ausencia constante.
-LIPACA-
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