Che, estamos creciendo. No nos hagamos los boludos y nos
justifiquemos con la madurez tardía de la postmodernidad, hay que hacerle
frente y darnos cuenta que si! La palabra es: creciendo. Y qué palabra de
mierda cuando llegan las cuentas, pero más aun cuando los horarios nos consumen
la libertad ajena. Pero no nos queda otra, el círculo histórico de la vida
sigue y hay cosas que debemos tener presente, y lo peor de todo, asumirlas. ¿Se dieron cuenta de que ya los juegos no nos
implican un cansancio físico? ¿De qué ya no nos careamos los dientes por armar
un berrinche para comprar golosinas? El vecino que tenemos, en la mayoría de
los casos, ni lo conocemos y las pelotas de fútbol se transformaron en un simple
programa de televisión. Un programa que crece y crece a medida que crecemos. Sí, admítelo, estamos creciendo.
Nuestra remera preferida ya nos queda corta y los
championes blancos se convierten en
plataformas. Bueno, plataformas, tacos, zapatos de charol, en fin, hasta el pie
nos creció más de lo esperado. El
levantarse temprano no es excusa para ver Tom y Jerry y las trasnochadas ya no
significan jugar a la mano negra. Uh! La mano negra. Sí qué era divertida. Nuestro amigo imaginario se convirtió en el
peor enemigo y se hace llamar estrés. Y el muy desgraciado es más figurado y constante que el beso de las
buenas noches. Sí, nuestra niñez se ha ido. Hay que asumirlo, porque aunque
tratemos de recomponerla, traerla o imitarla, ya no es la misma, es simplemente
una añoranza de parte de nuestro cambio. De nuestra resignación. Porque aunque
le tengamos que hacer frente, es la resignación en potencia a sumar los años la
que nos invade. Y esta se demuestra en el más popular de los casos, gente
extraña que cumple años hacia atrás. Es ridículo y sobrenatural, pero de verdad
pasa! (Dejemos de lado a los abuelos de cresta y las abuelas de siliconas.
Sería un tema interesante a reflexionar, pero ahora no, ahora crecimos.).
Ensuciarse ya no significa diversión. El poli ladrón se
volvió real y ya no es divertido, antes ser policía era heroico y el ladrón un
simple estratega inofensivo. Hoy, el
mundo entero se televisa y ya no existe lo heroico. Existen los bandos, las
imágenes masoquistas innecesarias que alimentan el escondite perfecto, existe
el golpe de efecto que potencia la radicalización de sentimientos que antes
eran inexplorados. La noche ya no es
para las escondidas, ahora si te pierdes corres el riesgo de no volver a casa,
y eso no es todo. Corres el riesgo de que tu peor foto esté en todos los medios y redes sociales con
nombres diversificados y asuntos inexplicables. (Ay sí, sí que estamos
creciendo, acabo de darme cuenta que ahora tengo un filtro exuberante en mis
fotos sociales, no vaya a ser que la comparta algún extraño y el día de mañana
aparezca mi cara pidiendo por el medio ambiente con una bolsita de excremento
de perro en mi mano, y una cartel que diga: “Montevideo de todos. No a las
veredas cagadas! “Compartir” si estás de acuerdo. “Me gusta” si juntas el
excremento de tu mascota”.
En fin, nos damos cuenta sí de que estamos creciendo,
ya que no escuchamos el llamado a comer, lo hacemos nosotros. Llamamos a
alguien más que esté solo o desamparado entre sus cuatro paredes para tener un
lindo almuerzo familiar los domingos. Ya no sentimos aquellos retos que nos
dejaban encaprichados y entrompados, ahora las puteadas se vuelven cotidianas
en cuanto algún desconocido te lleva el hombro puesto o te toca bocina por detenerte
en el semáforo en rojo. Ahora resulta que nos valemos por nuestros propios
paradigmas. ¿Qué paradigmas? Ah sí, paradigmas, prototipos, moldes. Estamos
creciendo y se supone que ya tenemos que regirnos por reglas, tener
responsabilidades, crear nuevos proyectos y seguir nuevos caminos. Se supone
que, de los mandados ya no nos corresponde el cambio chico y que los quehaceres
del hogar no nos tocan por sorteo.
Así es ciudadano. Se supone que ya maduramos. Que
tenemos proyectos y que nuestra brillante mente está capacitada y preparada
para ayudar al mundo a ser un mundo mejor, sí. Se supone que crecimos. Se
supone.
LIPACA
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