El carrito lo esperaba pacientemente, bajo el sol de la mañana.
Bostezando, lo despertaron las olas al romper contra el casco gastado. Con mucha pereza, se desperezó entre las chapas viejas y oxidadas del esqueleto metálico.
El espejo roto del camarote le devolvió la mirada matutina, y le recordó nuevamente que el sueño había terminado. Respiro profundo y lleno sus pulmones de salitre.
El carrito lo esperaba pacientemente, bajo el sol de la mañana.
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jueves, 3 de octubre de 2013
- El ciruja del barco -
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