jueves, 25 de julio de 2013

- Del otro lado -

Al Club Seminario, mi club.
Always ONE MORE.

               Desde el otro lado de la línea también se sufre, no por los tackles ni por los golpes. Se sufre por la impotencia, por la ansiedad. El querer estar ahí y no poder, confinado a ser un simple espectador. Se sufre al sentir la necesidad de correr otra pelota que va a la punta, de meter los kilos en otro scrum. Pero no se puede, atado de manos por un corazón fallado que no supo aguantar.          
               Desde el otro lado de la línea a mi también me duele el penal mal cobrado, el knock on a 2 metros del ingoal. Me duele el tackle a destiempo que el juez no ve. Pero sobre todo me duele ver que un compañero, hermano, sale lesionado de la cancha. Ver que la bronca y la calentura por no poder seguir jugando, superan el dolor generado por las lesiones (al menos hasta la hora de la ducha, cuando el cuerpo en frío pasa factura). El piensa que nadie lo entiende, que nadie se puede imaginar lo terrible de su situación. El gesto en la cara del Doc lo dice todo, no va a poder jugar los próximos 2 o 3 partidos, capaz que hasta le toca verla de afuera de 3 a 6 meses. Es terrible y desesperante, la peor noticia que el jugador quiere escuchar. No importa que no se pueda atar los cordones, o subir las escaleras, sacar apuntes en facultad no es tan importante y lo que le complique en el trabajo es lo de menos. En lo único que piensa es: No voy a poder jugar!
               El hecho de aceptar la noticia en si ya es complicado, peor aún es tener que transmitirla. Es muy difícil no bajar la cabeza en la práctica siguiente, cuando se le dice a los compañeros y al entrenador lo que sentencio el Doctor. Que no vas a poder entrar, que no vas a poder dejar todo en la cancha como lo va a hacer el resto. Es imposible no sentir que le estas fallando al equipo. Por eso cada vez que un compañero sale con la rodilla hinchada, con el hombro hecho pedazos por la batalla de los rucks y los mouls, lo escucho y sobre todo lo entiendo. Aunque por dentro pienso, 3 o 4 partidos, 3 o 4 meses, pero al menos vas a volver a jugar...
               De vez en cuando me surge la rebeldía. Yo voy a poder! Si me entreno y me cuido, bien pichicatiado, seguro vuelvo a jugar! Motivación, ganas y esfuerzo sobran, el apoyo de mis hermanos esta siempre y se nota. El ONE MORE en la cabeza y en la voz de alguno que da animo al ver que estas aflojando al subir un repecho, o al pasarte una botella de agua cuando terminas liquidado después de la práctica. Lamentablemente nunca alcanza, la realidad vuelve a golpear, la presión sube y no hay vuelta, el bajón es inevitable. 
               Vuelvo a ocupar mi lugar, doy una mano en los entrenamientos, si falta uno me sumo, chiveo un rato. Preparo el tercer tiempo ayudo en lo administrativo y en lo que se necesite. Tengo mi lugar en el equipo, soy uno más. Pero a mi partido lo juego del otro lado de la línea.

Olimareño Clandestino

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