(Juntemos firmas para erradicar el 16 de julio)
Cuando Lord Ponsomby delimitó este pedazo de pasturas (éramos un anexo como en el War no se si me explico) nunca imaginó lo que estaba por venir. El Imperio Británico no solo nos iba a dejar la independencia haciéndole “oleee” a los brasileros y argentinos como quien le amaga a un perro con un hueso. Nos iban a obsequiar la peste bubónica, la viruela y como siendo inconscientes de tanto problema regalado nos dejarían el fútbol, así como quien tira excremento de sus barcos. El fútbol, ese deporte, esa expresión de la mutación genética hereditaria en nuestros lares, la que hace que de no ser impasiblemente hijoeputa a uno se le parta el alma al escuchar la voz de Solé en aquel Mario Filho Maracaná: “Pérez, se la da, se escapa Ghiggia, va a tirar, gool goool uruguayo”. Y recordad estas palabras hermano mío, más determinantes que las que le soplaron al mismísimo Artigas, porque esta vez la red se infló y con ello el raciocinio y la moral de nuestro pueblo.
Desde entonces producto del regalillo, más milagros sucedieron en dicha materia y se mitificaron gracias a las infaltables comparaciones odiosas de la estirpe “nuestro paisito tiene la población de un monoblock en Shangai", "3 millones hay en una tribuna de lucha libre en el DF" o "en un helicóptero de San Pablo viven más que en todo Uruguay”. Y sí, Uruguay fue protagonista en materia clubística y combinadística. Pero siempre bajo el karma que ningún logro alcanzó las rodillas de lo que fue Maracaná. Generaciones y generaciones de campeones de América y el Mundo frustradas, engañadas, “qué es eso que brilla” les decían a unos campeones mientras les revisaban equipaje en la aduana de Carrasco para ver si traían bagayo del Bernabeu, Santiago de Chile, el Monumental o Yokohama y por ahí brillaba una Libertadores, una Intercontinental, una de América, triste entre unos calzoncillos “a ver, a ver.. a no, no es de Maracaná pibe, no le ganaste a nadie, migraciones por el fondo”. Nunca veremos ni vimos algo parecido, eso nos sella la tristeza y cada 16 de julio que prendemos la tele, vemos esas imágenes en sepia y nos amargamos. Por las dudas los 25 de agosto las repiten porque a un tipo se le ocurrió.. que país masoca! Y ahí está Ghiggia como un semi-Dios acariciándola, un nuevo reportaje de Telemundo y él desde su silla de ruedas con sus pañales nos hace entender que llegamos tarde a la fiesta... están apagando la música, no hay más cotillón para esta nación, queda un poco de sidra y está caliente.
Profundicemos desde la perspectiva del paradigma interpretativo, más específicamente entendiéndolo desde el interaccionismo simbólico. Lo que pasó fue una hazaña que nos marcó nadie duda. Ni el más acérrimo detractor de la teoría crítica lo puede negar, pero estoy absolutamente convencido de que Uruguay de perder o empatar ese día sería una nación más feliz por el resto de sus años. Seríamos menos exigentes con nostros mismos, Montevideo tendría más colores y árboles en 18 de julio, no tendríamos delirios de grandeza, no apelaríamos a ser los mejores en cada cosa ni nos flagelaría vernos en el fondo del tarro. Los afrancesados eruditos dirán que tanta emoción por una guinda es cuestión de “panem et circensis”, pero discrepo, en Uruguay el fútbol no es circo, es el pan nuestro de cada día. Por eso la consigna…
En épocas de plebiscitos se nos escapó la marmota con una temática de urgente resolución a mi humilde entender. A través de este medio proponemos una pequeña modificación del calendario gregoriano: eliminar el 16 de julio en toda la extensión de la ROU. Pasar del día 15/7 al 17/7, en cada calendario, cada almanaque de garrafas, farmacias o similar. Para no desacoplarnos del mundo todos los años tendremos 29 de febrero, beneficiándose la industria del ñoqui. Otra ventaja acarreada sería la sustitución de un día de invierno por uno de verano, en ese bendito febrero reloaded usted tendría más tiempo para disfrutar de la lluvia en Santa Teresa o un día de viento en Parque del Plata y fomentar así turismo interno. Alguna pálida hay con la moción y es que tendríamos un día más de carnaval, con ello el inevitable dolor de ver al Coco Echagüe divagando sobre la calidad de una revista (o como se llame).
En fin, sean conscientes, en juego está la felicidad de la nación… Yo firmo.


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