Cuando
el vacío se adueña de la mente, la soledad desborda por los poros. Los restos
de piedad son incomparables con la locura de servir a la dimensión del todo. Tú
eras el todo. Mi todo. Un recuerdo, una voz, unas simples palabras sin mucha
complejidad de sentimiento, un número en la tele, una acción directa de los
ojos, un color, un olor. Un simple destello de mí.
Cuando
el tiempo pasa, los recuerdos siguen firmes, pero la soledad se adueña de ellos
y los lleva a la transparencia. La sucesión de los hechos ya no es lineal y
pierde sentido. La fotografía de su sonrisa va perdiendo el color hasta llegar
a negativo puro y las palabras comienzan a ser susurros. Los choques frontales
de miradas van perdiendo el impacto y terminan en un simple esquivo. En un desvío
de miradas como a un desconocido.
El
color de su alma se volvió transparencia innumerable, como los recuerdos. Y su
olor, un simple aroma de estación. Lo que aún queda es el número, que le da
sentido al recuerdo y lo vuelve intacto, pero espeso de visibilidad. El numero
me lleva a ti de manera directa, pero irracional. El número es la suma de los
días que sigo en soledad.
- LIPACA -
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